Cómo luchar con la angustia

Angustia es la sensación de inquietud, falta de serenidad y paz interior. Surge como una sensación de “nudo en la garganta”, “incertidumbre”, el pecho apretado, agitación, nerviosismo, etc. ¿Qué hacemos con esto?

Angustia y ansiedad son sinónimos. Todos la poseemos. Unos la perciben y otros no. Unos pueden lidiar constructivamente con ella, otros destructivamente. Unos son dominados por la angustia, incluso cuando piensan que no, y otros la dominan.

En el Antiguo Testamento, el profeta Nahum (1: 9) dice que no habrá una segunda angustia sobre la humanidad. La primera vez es la existencia actual, desde la caída de Adán y Eva hasta el retorno de Jesús, lo que da cerca de ¡6 mil años de angustia! De ahí tenemos angustia existencial, en el decir de los filósofos, o espiritual como dicen las Escrituras.

No todos poseen un alto grado de ansiedad. Estando alta, ella se manifiesta en las personas por uno de los “Trastornos de Ansiedad”, como fobia, dolencia o pánico, trastorno obsesivo- compulsivo, etc., por reacciones en el cuerpo, enfermedades psicosomáticas, además de otras manifestaciones con o sin enfermedades orgánicas.

La ansiedad tiene que ver con los conflictos mentales. Es como la luz roja en el panel de control del automóvil cuando hay problemas. Es la “luz roja” que se “enciende” en la mente indicando que algo funciona mal en su vida, pudiendo ser una forma negativa de pensar, auto acusadora, auto destructiva, malos tratos contra si mismo, o también fruto de dificultades en las relacionase con personas de su pasado o presente, de uno consigo mismo, o una mezcla de todo esto. Malos tratos físicos agravan la angustia.

La persona angustiada necesita descubrir lo que la perturba, identificar el problema. Si encuentra varios problemas, intente definir cual es el peor. Si no encuentra la causa, por más que piense, la ansiedad permanecerá perturbando, perjudicando el trabajo y el contacto social, entonces es necesario ayuda profesional temporaria. Al definir cual es el peor problema, el paso siguiente es actuar para resolverlo.

Si no tuviese solución, porque no depende solo de usted, la salida es aceptar la perdida. Aceptar, no es concordar con el hecho. Es ver la realidad y concluir: “Esto ocurre en mi vida y no puedo hacer nada para cambiarlo”. Entonces cierre ese capítulo de su vida y abra uno nuevo y siga adelante. Aceptar la realidad, libera.

Todos tenemos piedras, No podemos ganar todo en esta vida injusta. Pero estar vivo es maravilloso. Tener dolores es lamentable, pero piense: Las cosas buenas pasan, pero las malas también pasan.

Resumiendo:
1) Angustia es una señal de que hay conflictos dentro de la persona.

2) Identifique cual es el PEOR de los conflictos que genera la angustia, o tristesa.

3) Si no consigue identificar nada y la angustia continúa, tal vez sea necesario ayuda profesional con un psiquiatra que actúe como psicoterapeta o con un psicólogo clínico.

4) Vea lo que usted puede hacer para cambiar la situación y tome una actitud al respecto.

5) Haga lo que esta a su alcance, no retarde lo que se puede hacer AHORA.

6) Si algo no depende de usted, comince a pensar que necesita aceptar la situación.

7) Al aceptar, en lugar de estar peleando consigo mismo, con las personas, con la vida o con Dios, relájese y acepte. Hay una piedra. Y ella es real.

Mire hacia otras cosas en su vida, usted todavía esta vivo y lúcido, por eso puede hacer algo bueno por si mismo.

Evite concentrarse en el dolor. Comience a PENSAR en lo que puede hacer. Piense en cosas constructivas para encontrar la salida del sufrimiento. La salida comienza cuando piensa en el asunto y soporta el dolor. El dolor NO es usted. Usted lo siente ¿pero acaso no existen otros aspectos en su vida que están funcionando bien? El sentimiento del dolor NO tiene que poseer su mente, ni ocuparla por entero. Es ALGO en su mente, no lo es todo. El resto, la capacidad de pensar, de tomar decisiones racionales para cambiar lo necesario, de hacer elecciones, permanece intacto. Es esta parte intacta que debe ser usada ahora para cuidar de si. Nadie hará esto por usted, ni los remedios, ni los profesionales de salud, ni quienes lo aman. Sólo usted mismo.

No se quede lamentándose o hablando de su dolor a las personas. Pare de tener pena de si y del papel de víctima. Siendo adulto es posible pensar, no tenemos que negar el dolor, como tampoco necesitamos estar dominados por él. No vea al dolor como mayor que la capacidad de lidiar con él. Usted es mayor que su dolor. ¿Ya lo expresó por suficiente tiempo? ¿Ya lloró lo suficiente? ¿Ya lo verbalizó lo suficiente a alguien confiable, ético que lo escuchó con comprensión? Entonces ahora es hora de parar de llorar, de lamentarse, de estar hablando a las personas acerca de su dolor. Ahora es hora de cuidar de si mismo con serenidad, aceptación, humildad, perseverancia y esperanza de mejores días, por lo menos dentro de usted. Aquel que aprende a lidiar con su angustia aprende lo más importante. Dr.César Vasconcelos
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