La importancia del desayuno

¿Qué ocurre si no desayunamos?
Durante el sueño existe un gasto de energía que se utiliza para el funcionamiento básico del organismo: Esta energía se utiliza para respirar, mantener los latidos del corazón y la circulación de la sangre y para las actividades que realizan el sistema nervioso y los órganos internos… lo que se denomina metabolismo basal.

El organismo recurre a cualquier recurso con el objetivo de apoderarse de esa energía para mantener las funciones básicas. Por eso llega a las horas de la madrugada o de la mañana con muy pocas reservas y necesita con urgencia fuentes de energía. Es imperante entonces el Desayunar o Almorzar.

Algunas de las consecuencias de saltarse el desayuno son decaimiento, falta de concentración y mal humor, debido al déficit de glucosa -nuestro principal combustible energético- que produce la falta del ingerir alimentos. Hay que recordar que a primera hora de la mañana el organismo lleva ya entre 8 y 10 horas sin recibir ningún alimento. La falta de glucosa empuja a nuestro cuerpo a quemar otras reservas energéticas, lo que causa múltiples alteraciones en el normal funcionamiento orgánico.

¿Cómo es un desayuno equilibrado?

El desayuno debe suponer entre el 20 y el 25% de las calorías ingeridas a lo largo del día. Para que sea equilibrado, deben estar representados como mínimo los siguientes grupos de alimentos: lácteos (leche, yogur, cuajada, requesón...), frutas y cereales (pan, tostadas, cereales de desayuno, galletas...). Aparte de estos, también pueden participar otros alimentos, como derivados cárnicos y dulces, en cantidades moderadas.

Cereales. Proporcionan hidratos de carbono que aportan energía, vitaminas y minerales. Los cereales integrales aportan, además, fibra.



Lácteos. Contienen proteínas de calidad, calcio, vitaminas A y D, y vitaminas del grupo B (principalmente riboflavina o B2).



Frutas. Aportan hidratos de carbono, agua, vitaminas, minerales y fibra.




Derivados cárnicos. Jamón cocido o serrano, fiambres poco grasos (de pollo o pavo), embutidos... Contienen proteínas de calidad con función formadora (de construcción de tejidos y células) y cantidades variables de grasa con función energética.

Consumiendo estos elementos de manera equilibrada, se obtendrá la energía adecuada para un buen funcionamiento del organismo, y una salud aceptable para afrontar toda situación que se presente durante el día.
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