Cómo criar hijos delincuentes

Hace unos años, el Departamento de Policía de Houston, Texas, imprimió un folleto titulado: «Doce reglas para criar niños delincuentes», mencionando que la efectividad del método está garantizada en un 99%. Al leerlo me quedé impactado por su título. A los pocos segundos reflexioné y me di cuenta de que no podemos seguir mirando para un costado o deslindando responsabilidades de lo que indefectiblemente nos compete. Aquí las reglas:

1-Dadle desde la infancia todo lo que quiera: Así llegará a mayor, convencido de que el mundo entero le debe todo. Si dice tonterías, reíd: Así creerá que es un gracioso.
2-No le déis ninguna formación espiritual: Cuando sea mayor de edad, ya escogerá.
3-No le digáis nunca: Eso está mal. Podría crearse complejos de culpa. Y más tárde, cuando, por ejemplo sea arrestado por robar un coche, estará convencido de que es la sociedad quien le persigue.
4-Recoged todo lo que él tira por los suelos. Así se convencerá de que todos están a su servicio.
5-Dejadle leer todo: Desinfectad su vajilla, pero dejad que su espíritu se recree en cualquier torpeza.
6-Discutid siempre delante de él. Cuando vuestra familia esté destrozada, él no se dará por enterado.
7-Dejadle todo el dinero que quiera. Así ni siquiera sospechará que debe trabajar para poder disponer de dinero.
8-Que todos sus deseos estén satisfechos. ¡De otro modo resultará un frustrado!
9-Dale siempre la razón: Así creerá que los profesores, la gente y la ley le están siempre deseando el mal.
10-CUANDO QUIERA HABLAR CONTIGODile que no tienes tiempo, que tienes mucho trabajo, o que estas cansado, así buscara respuestas a sus preguntas con la persona equivocada.

Y cuando haya llegado a ser un verdadero desastre: Proclamad que nunca habéis podido hacer nada con él. Os habéis preparado una vida de dolores. Y seguramente los tendréis.

Somos nosotros, los padres, los responsables directos en la formación de nuestros hijos. Por eso creo que podemos terminar criando un hijo delincuente. Aunque nos parezca imposible, si persistimos en algunas conductas, definitivamente, daremos a luz un delincuente. Nadie anhelaría como mérito tener un hijo así. Debemos detenernos, pensar y no seguir enredados en nuestras preocupaciones cotidianas, para caer, en algún momento, a la realidad de tener que enfrentar grandes problemas en nuestra familia.

Una de las tareas más apasionantes de esta vida es la crianza y formación de nuestros hijos. Ellos, sin duda, son nuestro legado. Tenemos la gran oportunidad de que sigan nuestras pisadas.

Qué enorme privilegio que tenemos de poder cuidarlos y formarlos para poder convertirse en grandes hombres y mujeres, aunque para decir verdad, nunca pero nunca, para nosotros dejarán de ser nuestros hermosos pequeños. Mientras ellos crecen en estatura, en maduración, en instrucción, nosotros crecemos en esta gran tarea de ser padres.

Ante esta apasionante labor, pareciera que por momentos los niños pudieran sacar lo mejor y lo peor de nuestro carácter: en ocasiones nos hacen llorar de felicidad frente a la emoción que nos provoca su nacimiento, o cuando comienzan a dar sus primeros pasos o tal vez al enfrentarnos a su primer día de clases. ¡Quién no derramó una lágrima cuando escuchó decir por primera vez a su hijo: «Papá»! En otras circunstancias, parecen ser especialistas en hacernos llorar, pero del enojo, por las cosas terribles que hacen. Y es allí donde se conjuga esta doble vivencia: la de disfrutar de nuestros hijos y, a la vez, comenzar a corregirlos.

No olvidemos que mientras esto sucede, nuestra vida debe seguir adelante, ya que no es la única tarea que debemos desempeñar, sino que también debemos esforzarnos por ser mejores esposos, excelentes profesionales en nuestro trabajo, buenos amigos… es decir, cuidar de estas pequeñas y vulnerables vidas que dependen tanto de nuestra atención, sin por esto descuidar nuestra propia vida.

En este gran camino que tenemos por delante, encuentro que hay muchos padres que están desconcertados a la hora de criar a sus hijos. Es un hecho que ninguno de nosotros nació sabiendo la manera de encaminar a los hijos, tampoco existen escuelas que nos enseñen a ser padres, por esta razón es que el educar a nuestros hijos se convierte en un gran desafío.

Recuerdo que en cierta oportunidad debí de sincerarme con mi primer hijo, cuando era pequeño, al decirle: «Hijo, lamentablemente para ti, estoy aprendiendo a ser padre contigo». La vida no nos da la posibilidad de un entrenamiento previo, sino que en el andar vamos aprendiendo, en la gran aventura de ser padre.

¡Qué fácil es equivocarse en la formación de nuestros hijos! Sin duda, ellos pagarán las consecuencias de nuestros errores.

¿Cómo poder formar correctamente a nuestros hijos, cuáles son los límites? ¿Cuáles son las pautas de corrección? ¿Debemos ser fuertes o débiles en la crianza? ¿Qué tipo de padre debo ser?

Recuerdo una conmovedora historia con final feliz de un matrimonio que sufrió en su hogar un escape de monóxido de carbono. El esposo había salido a trabajar en su taxi como todos los días, pero a media mañana regresó imprevistamente para recoger un papel que había olvidado para realizar un trámite.

Cuando llegó a su casa, se encontró con la sorpresa de que su esposa estaba en el piso del baño, desmayada. Sin saber qué estaba pasando y casi instintivamente, salió corriendo con su esposa en los brazos y la llevó a tomar aire al patio. Luego, al trasladarla al hospital, le dieron la noticia de que había inspirado monóxido de carbono y le dijeron que debía quedar internada en terapia intensiva por la cantidad que se había acumulado en sus pulmones. Pero no solo esto lo sorprendió, sino que, al revisarlo también a él, comprobaron que este hombre había ingerido igualmente de ese gas, por lo que debió ser asistido inmediatamente.

Cuando se repusieron de este mal momento vivido, y tuve la oportunidad de conversar con ellos, insistían en afirmar que nunca percibieron tal escape, ni siquiera el olor, que, al menos les diera el indicio de tal suceso. Solo recordaban que, en una oportunidad, una persona ajena al hogar al entrar les había dicho que le parecía sentir olor a gas, pero no le dieron importancia porque ellos no lo percibían.

Esta historia me hizo reflexionar en lo que muchas veces sucede en nuestros hogares. Hay pequeñas señales, pequeños indicios de que algo está mal, pero no podemos notarlo o nos vamos acostumbrando a aquello que va socavando poco a poco los cimientos de nuestra familia. Y aunque para otros sea evidente, pareciera que nosotros no podemos ver la gravedad del asunto. Hay familias que corren serios riesgos de caer en verdaderas salas de cuidados intensivos, si no toman las riendas del problema a tiempo.

Por lo visto, verá que para nada nos encontramos ante una tarea fácil. Seguramente cualquiera, frente a este panorama, renunciaría antes de intentar realizarla. ¡Relájese, respire hondo! ¡No es imposible! Tomando las correctas medidas, «sí será posible ser padres exitosos».

Cada etapa que nuestros hijos atraviesan es única, especial. ¡Qué gusto nos dará, luego de transitar cada una de ellas, poder mirar hacia atrás y sentirnos plenos por haber sido partícipes en cada momento importante de sus vidas!

Solo así podremos alegrarnos de haber alcanzado el éxito en nuestra paternidad. Osvaldo Carnival
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