La educación de tus hijos y sus consecuencias

Formar hijos independientes, sanos emocionalmente, seguros de sí mismos y capaces de forjar su propio futuro encontrando así su propia felicidad.

Básicamente existen tres estilos de educación: El autoritarismo o control excesivo, el de permisividad o flexibilidad exagerada y el de la educación positiva o firmeza con amor, a continuación se explican a grandes rasgos sus características y la influencia que cada estilo tiene en la vida futura de los hijos.

1.- EDUCACIÓN BASADA EN EL AUTORITARISMO

Es un sistema disciplinario basado en el control excesivo, se pone énfasis en la obediencia y hay poca libertad. En un estilo autoritario el ambiente de la familia aparentemente funciona bien, sin embargo, generalmente hay tensión entre sus miembros; existen rutinas rígidas que provocan mal humor si no se cumplen y por lo tanto predominan los castigos, lo cual provoca acumulación de enojo y frustración, que en muchas ocasiones desata agresividad entre sus miembros o represión de las emociones, esto genera un círculo negativo.

¿Cómo son los padres autoritarios?

Los padres de familia que intentan educar a través de este estilo amenazan constantemente para que se les obedezca, gritan, e incluso golpean; pierden fácilmente el control, castigan, sin pensar si tal acción realmente ayudará al hijo a comprender su falta, se dejan llevar por el enojo, siendo el castigo más bien un desquite.

Estos padres humillan a sus hijos al reprenderlos cuando han perdido el control, critican constantemente, dan mayor importancia a los errores que a los aciertos, culpan, no buscan la reflexión y el aprendizaje, sino desquitarse por el enojo que les ha provocado la falta cometida por el hijo, comparan, y lo hace de manera negativa, donde el hijo siempre pierde, exigen respeto pero no respetan, son autoridad para los hijos más por miedo que por convicción.

¿Cómo se siente un hijo con padres autoritarios?

+ Humillado, poco valorado.
+ Inaceptado, ya que constantemente se le reprende y señala sus errores y no sus aciertos.
+ Frustrado e impotente, pues tiene poca libertad para expresar lo que siente y piensa, debe seguir órdenes continuamente, sin importar su opinión al respecto.
+ Ya que constantemente se le acusa, llega un momento en que hace suya la culpa.
+ Enojado con sus padres y con todas las situaciones de control que lo rodean, por no poder expresar su opinión, sentimientos, ni emociones, esto, porque siente que su palabra no vale.
+ Siente que no es importante, que no importa lo que piensa, pues sólo debe obedecer.

Consecuencias a futuro

Cuando se educa bajo un estilo autoritario, hay una gran posibilidad de propiciar hijos agresivos, enojados con la vida por tener que aguantar y obedecer; retadores, rebeldes o sumisos y temerosos; hijos que reprimen sus sentimientos y emociones o las expresan inadecuadamente; hijos con problemas de autoestima, alejados de su familia porque no les gusta estar ahí; personas vulnerables a las drogas y al alcohol, actitud originada como revancha y castigo hacia sus padres.

2.- EDUCACIÓN BASADA EN LA PERMISIVIDAD

Aquí no podemos hablar de un sistema disciplinario, más bien existe desorden en la estructura familiar por diversas razones: como el permitirles “ser libres”, “no traumarlos” con tanta exigencia, incluso por egoísmo, por evitarnos problemas y discusiones. El padre de familia permisivo deja que sus hijos hagan lo que quieran, en casa existe una flexibilidad exagerada, no hay límites o son muy pocos y con frecuencia se rompen sin que exista alguna consecuencia, se vive un ambiente desordenado y hasta caótico, lo cual crea confusión y malestar. Suele existir sobreprotección y el ambiente que se vive se presta para que se expresen las emociones sin contención ni guía.

¿Cómo son los padres permisivos?

Los padres de familia que intentan educar a través de este estilo no ponen límites y cuando lo hacen se sienten culpables, buscan continuamente complacer a sus hijos, dejando incluso sus necesidades básicas de lado, primero están los hijos y después también están los hijos; estos padres ceden constantemente, son incapaces de mantenerse firmes y suelen ser víctimas de manipulaciones y chantajes por parte de sus hijos. Son los padres que convencen, suplican, sobornan, manipulan, recompensan para que se les obedezca, pero cuando llegan a su límite explotan y después se sienten culpables.

Estos padres de familia sobreprotegen a sus hijos constantemente, respetan pero no se dan a respetar, no son realmente una guía, no les brindan contención, ni les inspiran seguridad; no son una verdadera autoridad para sus hijos, ya que no existe un orden jerárquico en su familia.

¿Cómo se siente un hijo con padres permisivos?

+ Que sólo importa lo que él quiere o siente.
+ Que puede expresar lo que piensa o siente sin importar si lastima a otros.
+ Que no vale la pena esforzarse, igual siempre le complacen sus deseos.
+ Que no tiene una guía, ni quien lo proteja o haga sentir seguro para moverse tranquilamente en la vida.
+ Confunde el orden jerárquico en su familia y por ello se enoja.
+ Le da miedo la falta de limitaciones, la falta de un guía, de una autoridad en su vida.
+ Demuestra poder, pero de fondo sólo hay inseguridad e insatisfacción.

Consecuencias a futuro

Cuando se educa bajo un estilo permisivo, hay una gran posibilidad de propiciar hijos demandantes, exigentes y caprichosos que se convertirán en tiranos, ya que lo único importante para ellos es que se cumpla su voluntad; serán egoístas, las necesidades de los demás no son importantes sólo las suyas; hijos rebeldes e insatisfechos, pues tienen una baja tolerancia a la frustración y sus expectativas van aumentando por lo que nunca resultará suficiente lo que se haga por ellos.

Son hijos dependientes, ya que han crecido sobreprotegidos, al mismo tiempo irresponsables, pues no pasa nada si no cumplen con sus obligaciones, y porque no se les exige un mayor esfuerzo, serán personas sin voluntad e inseguras, igualmente vulnerables a los vicios, porque no tendrán ese rigor interno que les ayude a saber decir “no”, siempre se han ido por el camino fácil y siempre han logrado sus caprichos.

3.- HACIA UNA EDUCACIÓN ASERTIVA

Este estilo trata de mantener un equilibrio, ni tanta exigencia, ni tanta permisividad. Es un estilo basado en la firmeza con amor, donde es importante la constancia y la congruencia.

Parte de que todos, por el hecho de ser personas, tenemos la misma dignidad y merecemos respeto, no importa si se tienen cinco o cincuenta años. Se trata de tomar en cuenta a los hijos, conocer lo que piensan y sienten, pero marcarles los límites y hacer que los cumplan sin humillaciones ni violencia, sino con amor.

Debemos exigir respeto, y a la vez respetarlos; enseñarles a ser responsables y a asumir sus consecuencias; mostrarles cómo aprender de sus errores, que reflexionen al respecto y busquen resarcir el daño; el objetivo es que tengan un verdadero aprendizaje, no se trata de dejarlos hacer su gana ni de criticarlos y reprocharlos por sus faltas sin ningún fin; se trata de guiarlos para que alcancen una verdadera autodisciplina y tengan un rigor interno que los lleve a ser personas con fuerza de voluntad, capaces de alcanzar lo que se propongan.

Este estilo de educación crea un clima de cooperación y cordialidad ya que los hijos están dispuestos a seguir las reglas más fácilmente, pues han contribuido a su establecimiento.

El objetivo de este estilo de educación es lograr un ambiente ordenado pero relajado en la familia, que permita cierto grado de libertad con responsabilidad y propicie una comunicación más abierta donde todos puedan expresar su sentimientos y emociones asertivamente, es decir, de una manera adecuada, siempre con respeto hacia los demás.

¿Cómo son los padres asertivos?

Los padres de familia que intentan educar a través de este estilo son una verdadera autoridad para sus hijos, quienes se saben reconocidos, aceptados y respetados. Asumen su responsabilidad como padres y toman las decisiones que les corresponden; se sienten seguros con su paternidad y autoridad, por lo que permiten a los hijos participar en aquellas decisiones que por su edad y madurez son capaces de tomar. Son capaces de entregarle a cada hijo las responsabilidades que le corresponden, sin sobreprotección pero sí con el apoyo necesario.

Son firmes pero respetuosos con sus hijos, hacen cumplir su palabra porque existe congruencia en sus peticiones, al mismo tiempo, fomentan la expresión de sentimientos y emociones pero les enseñan a hacerlo asertivamente y con respeto. Permiten, aceptan, incluso animan la opinión de sus hijos sin que eso implique que ellos se salgan con la suya. Son guía para sus hijos, los acompañan en el proceso de aprendizaje en la vida, son ejemplo para ellos, existe congruencia entre sus acciones y lo que buscan que sus hijos aprendan.

¿Cómo se siente un hijo con padres asertivos?

+ Amado,
+ Aceptado,
+ Realizado,
+ Satisfecho,
+ Importante, y sabrá que los demás también son importantes,
+ Libre de expresar sus sentimientos y emociones adecuadamente,
+ Sabe que su opinión es importante, lo cual le da una mejor postura ante la vida,
+ Seguro de sí mismo, con una sana autoestima
+ Es capaz de hacer las cosas por sí mismo y lucha por lograr sus objetivos
+ Es pacífico y agradecido con sus padres.

Consecuencias a futuro

Cuando se educa bajo un estilo asertivo, hay una gran posibilidad de propiciar hijos que dan tranquilidad y satisfacción a sus padres, pues son respetuosos de sí mismos y de los demás, logran relaciones más profundas a su alrededor, son responsables por convicción, disciplinados internamente, no necesitan que se les vigile, ni que se les reprenda; son hijos capaces de desarrollar una voluntad que los lleve a lograr sus objetivos, con una alta autoconfianza y sana autoestima, saben comunicarse abierta y adecuadamente, son personas felices, capaces de dar y recibir de los demás y de la vida cosas maravillosas.

En conclusión…

Quizá, como jefes de familia seguimos un patrón de educación que fue el que recibimos de nuestros padres, o tal vez este nos pareció tan ineficiente que decidimos optar por el opuesto; lo cierto es que no podemos educar a nuestros hijos como fuimos educados nosotros, ya que es un patrón caduco que no aplica del todo para las nuevas generaciones; pero tampoco debemos tener miedo de ser firmes y exigirles a nuestros hijos que cumplan con sus obligaciones y que sean responsables, no podemos ser egoístas y comodinos y dejar que vayan por la vida sin límites ni freno, porque un estilo permisivo es tan dañino para los hijos como un estilo autoritario.

Si predicamos con el ejemplo, y tratamos de apegarnos lo más posible a un estilo de educación positiva, nuestros hijos empezarán a actuar adecuadamente por convicción; al sentirse contentos con nosotros, tratarán de complacernos, de evitar pleitos y fricciones, pero sobre todo, se irá dando un ambiente de cordialidad, armonía, paz, respeto y sobre todo de amor.
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