La Armadura de Dios en la lucha diaria del cristiano

Una de las frases que más han impactado en vida, es la que escuche de un Pastor evangélico hace varios años quien decía que “la felicidad de un cristiano, no depende de las circunstancias sino de una continua y completa comunión con Dios”, en realidad esta frase aduce a una verdad absoluta, pues la paz interior solo se obtiene como resultado de esa comunión con Dios sin importar los problemas del mundo exterior; sin embargo no es muy frecuente que los Cristianos que saben de la importancia de mantener una comunión cerrada con Dios lo hagan así y esto se debe en gran manera a que se vive en pecado, aunque muchas veces no nos damos cuenta de ello.

Uno de los engaños favoritos de Satanás es hacernos creer que el pecado no trae mayores consecuencias, pues adicionalmente tenemos un Dios rico en paciencia y misericordia. Es un error pensar que seremos libres de las consecuencias del pecado, la Biblia dice en Gálatas 6:7-8 “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.” no obstante esto cuando se vive en pecado, se mal entiende la misericordia de Dios suponiendo que el Señor aprueba nuestra vida pecaminosa ya que pese a nuestra actitud, seguimos viendo la provisión de Dios en nuestra vida con el trabajo, el alimento, la salud, etc..

Hay quienes de forma por demás flagrante desobedecen a Dios: no se congregan, no meditan las Escrituras, no aman a sus cónyuges, no obedecen a sus padres, practican el adulterio, la mentira, no son mayordomos de los bienes que Dios les da, buscan el yugo desigual, no confiesan a Cristo y no tienen a Dios en el primer lugar de sus vidas, y pese a esto, suponen que están bien delante de Dios.

El Espíritu Santo a través del escritor de la carta a los Hebreos, dice que Dios disciplina a todo aquel que recibe por hijo (Hebreos 12:6), por lo tanto muchas veces al notar que esa disciplina no llega, suponemos que estamos bien, que Dios acepta y aprueba eso que hacemos y que sabemos perfectamente que es pecado.

Si bien es cierto que la tentación puede provenir de Satanás, también lo es que nosotros mismos podemos propiciarla, Santiago escribe “14.......cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. 15Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. 16Amados hermanos míos, no erréis.” (Santiago 1:14-16).

Muchas veces he escuchado que algunos piensan que Dios prueba a sus hijos a través de las tentaciones, sin embargo la Biblia enseña que “13Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie” (Santiago 1:13)

En buena medida, el suponer que una vida de comunión con el mundo no afecta nuestra comunión con Dios, es un error fatal, seguir el sistema de valores del mundo, impide que mantengamos nuestra pureza ante Dios “no erréis, las malas conversaciones, corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15:33). Quien pretende agradar al mundo, no puede agradar a Dios, “4¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. 5¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” (Santiago 4:3-5) sin embargo lamentablemente los cristianos modernos le damos más tiempo a nuestras actividades seculares, a la TV, a los amigos, durante 5 o 6 días a la semana, que a Dios a quien le otorgamos un poco de tiempo durante el domingo y pretendemos que nuestras vidas no se vean afectadas por la influencia del mundo.

Para vivir una vida de victoria, una verdadera comunión con Dios, debemos aprender a caminar en el Espíritu tal y como Jesucristo lo hizo y para ello es indispensable entender y reconocer que los hijos de Dios estamos en lucha constante día a día contra huestes espirituales de maldad, “12Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efesios 6:12) si usted piensa que Satanás no ruge alrededor suyo buscándole devorar cada día, es porque quizá usted vive derrotado.

Si en su diario vivir no lucha contra las tentaciones o ya ni siquiera las detecta, es muy probable que esté viviendo en pecado sin darse cuenta o quizá no es hijo de Dios, pues no hay cristiano verdadero que se escape de la lucha diaria contra las huestes de maldad; si por su mente no cruza la idea de la realidad del lago de fuego al que se condena por la eternidad cientos de miles de personas día a día a quienes Satanás arrastra consigo y usted supone que se ha librado por ser hijo de Dios, aun viviendo en pecado, permítame recordarle las Palabras de Cristo que dijo: “¿Porque me llamáis Señor, Señor si no hacéis lo que yo os digo? (Lucas 6:46) “21No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (Mateo 7:21). Pablo dijo, “el que crea estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12). La salvación no se pierde, lo que sucede es que muchos creen ser salvos sin serlo.

Hermanos míos, para caminar en el Espíritu y estar preparados para la lucha día a día hasta que Dios nos llame a su presencia es necesario conocer y vestirnos de la armadura de Dios que se describe en Efesios 6:14-18 “Estad, pues firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestios con la coraza de justicia, calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo tomad el escudo de la fe, con el que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando con ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”.

Es tiempo de ponerse a cuentas con Dios, apartarse del pecado y día a día, iniciar la jornada en oración vistiendo de la armadura de Dios. Dale más tiempo al Señor cada día, ocúpate de tu salvación con temor y temblor, vive una completa y continua comunión con Dios cada día y disfruta de la paz genuina que solo Dios te puede dar. Autor: Gustavo Mata
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