Jesús es maltratado, escupido y abofeteado

Se encontraba Jesús frente al sumo sacerdote y al contestar a una pregunta fue abofeteado por un alguacil. (Juan 18:22). Algunos comentaristas dicen que aquí la palabra usada por Juan no significaba bofetada sino un bastonazo.

El Dr. Judica Cordiglia dice: “es una lesión del cartílago de la nariz y la posible desviación de la misma debido a un golpe con un palo corto, cilíndrico y de 4 a 5 cm de diámetro.” Un golpe a la nariz que fue capaz de desviarla de su plano normal y de lesionar el cartílago. Aquí debió haber salido abundante sangre.

Isaías dice: “Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres” Isaías 52:14

Recordemos que Jesús fue arrestado de noche y llevado a una corte ilegal a ser condenado. Las leyes judaicas no permitían que ningún reo fuese condenado antes de la pascua y que un juicio fuese llevado a cabo de noche. También fueron traídos testigos falsos que el final no se pudieron usar por que sus historias no coincidían.

Jesús fue llevado ante al sumo sacerdote y después de horas de debates e interrogación, da la declaración que hace enfurecer al sumo sacerdote: “…y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote rasgo sus vestiduras, diciendo: ha blasfemado! Que mas necesidad tenemos de testigos? He aquí ahora mismo habéis oído su blasfemia. Que os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: es reo de muerte! (Mateo 26:64-66)

Sin dudas, que la piel de Jesús ya estaba sensible al sudar sangre y ahora aquí dice Mateo en el verso 67: “..entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban…” Aquí, aunque los evangelios no lo relatan, el profeta Isaías incluye que los pelos de su barba eras arrancados: “di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos.” Isaías 50:6

Es importante precisar que el rostro de Jesús, no solo recibió escupos de saliva, sino que “esputos” según lo declara Isaías, y aquello es una secreción que se produce en los pulmones y en los bronquios ¡Que infamia es la que soportó nuestro Señor y Salvador Jesucristo!, y todo, por ese amor insondable hacia nosotros viles pecadores.

JESÚS ES FLAGELADO
Modelo del flagellum taxillatum, látigo romano que desmenuzaba la espalda de los azotados.
Después de que Jesús se presento a Pilato, el cual dijo que no encontraba nada mal en el, Jesús fue azotado. La intención de Pilato era azotar a Jesús y luego soltarlo, pero la insistencia del pueblo con sus gritos “crucifícale! crucifícale! pudo mas. Dice Mateo 27:26: “entonces les soltó a Barrabas; y habiendo azotado a Jesús le entrego para ser crucificado.”

Mas de 120 golpes con el flagelo dados por dos fuertes verdugos, uno mas alto que el otro, diestros en su oficio, los cuales, puesto uno a cada lado del reo le cubrieron metódicamente con sus golpes toda la superficie del cuerpo (tórax, abdomen, brazos y piernas, a excepción de la parte del pecho correspondiente al corazón), sin dejar espacios.

El azote con el que le flagelaron fue el horrible flagellum taxillatum, compuesto básicamente de un bastón con tiras de cuero. Cada punta de cada tira se encontraba llena de pedazos de hueso y de plomo. Al flagelar a Jesús en su ya sensible piel, cada latigazo arrancaba literalmente los pedazos de su piel exponiendo la carne viva y brotando abundante sangre. Así aparece Jesús: herido y sangrante conforme a lo que había predicho el profeta Isaías: “Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer…” (Isaías 52:14) También Isaías 53: 3 dice: “despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto…”

Después del azotamiento, Jesús se desplomaría y quedaría sentado sobre el charco de su propia sangre. Estaba casi completamente desnudo, y parece que en ese momento le alcanzaron sus vestidos para que se cubriera: “Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de el a toda la compañía; y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata…” Mateo 27:27-28
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