Reflexiones de Navidad - El espíritu de la navidad

En cierta ocasión, los familiares se reunieron para celebrar el cumpleños de una pequeña criatura en la sala de una enorme mansión. Uno tras otro los invitados iban llegando y la empleada les recibía en la puerta y llevaba sus abrigos a la sala superior.

La noche estaba muy fría. Cuando todos hubieron llegado, y ya todo estaba listo, la madre indicó a la nodriza que trajera al niño. Fue grande la agitación cuando la muchacha bajó desesperadamente las escaleras llorando porque el niño no aparecía.

En medio de la conmoción generalizada en aquella mansión, uno de los presentes recordó haber visto al niño en la misma cama donde la empleada había colocado los abrigos de los invitados. Corrieron al piso superior y allí, escondido entre la ropa estaba el niño algo asfixiado pero vivo.

Era irónico, el principal objeto de la fiesta había sido olvidado, ignorado y por poco destruido. Y... ¿No hacemos exactamente lo mismo nosotros al festejar la navidad?

Cada año debemos preguntarnos: ¿Y dónde está el niño que nació en Belén hace ya más de 2000 años? Compra de regalos, obsequios, decoraciones, villancicos y arbolitos con luces de colores... ¿Es eso verdaderamente la navidad? ¿En qué lugar hemos puesto a aquel Jesús que vino a visitar nuestro mundo para decirnos cuánto nos amaba? En esta sociedad materialista en la que vivimos, nuestras “cosas” amontonadas van tapando a Dios y a su hijo, y nos olvidamos de Él vez tras vez.

Quizás sea tiempo de hacer una pausa y preguntarnos otra vez como resonara por aquella campiña de Belén: “¿Dónde está el niño que ha nacido?” Remover tanto materialismo, dejar de festejar y empezar a celebrar la verdadera navidad. Recordando que cada 25 de diciembre, la atención no se debe centrar en los regalos sino en “el” regalo recibido directamente del cielo, a nosotros, in merecedores de semejante don: El hijo de Dios, Cristo Jesús y su vida eterna para disfrutar por siempre.
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