Cómo hablar de la sexualidad con los hijos

Los padres y madres hemos vivido o llegaremos a vivir ese momento cuando de repente llega el niño o la niña preguntando ¿qué es el sexo?, ¿cómo nací yo? La reacción que tenemos es de ruborizarnos y hasta tratar de cambiar de tema. Para muchos padres y hasta educadores hablar sobre sexualidad no es nada fácil. NO obstante, como padres y madres sabemos que no podemos ser ajenos a la Educación Sexual de nuestros hijos.

En este sentido, los padres y madres somos los primeros educadores de la sexualidad de los hijos. Desde el nacimiento, servimos de modelo y enseñamos mensajes sobre el amor, el afecto, el contacto y las relaciones. El modo de abrazar y de sostener a nuestros hijos les está enseñando lo que sentimos acerca de ellos. Algunos afirman que el contacto amoroso de las primeras etapas de la vida marca ya la pauta para una sana intimidad cuando se es adulto. Por ello, es necesario que asumamos nuestro protagonismo y aceptemos que la educación sexual es algo más que hablar de preservativos o contar de donde vienen los niños. Una Educación sexual de calidad debe dirigirse a que nuestros hijos e hijas aprendan a conocerse, a aceptarse y a expresar su sexualidad de modo que sean felices.

De acuerdo con la teoría de la doctora M.P. Ross, en su “modelo de intervención global de la sexualidad”, tanto el hombre como la mujer construyen su sexualidad desde el momento de la concepción, pasando por diversas circunstancias y situaciones, tanto biológicas como sociales y psicológicas. Ambos, al menos hasta los cinco meses de gestación, mantienen un estado de fusión con la identidad femenina. (Murillo, Margarita 2007)

Además, debemos reconocer que todas las personas son sexuadas y se viven como tales. Por supuesto, entendiendo que “ser sexuados” es algo más que el resultado de un cromosoma, o del aspecto externo de los genitales. Es un proceso que no se detiene en el momento del nacimiento sino que acaba con la muerte y que en cada caso es único e irrepetible. Hay dos sexos, hombre y mujer, pero muchas maneras de “construirse” como hombre o como mujer.

Pero, ¿cuándo comenzar?

La educación de los hijos tiene que comenzar a muy temprana edad se puede decir, que virtualmente debe comenzar desde su nacimiento. Desde su más temprana edad, necesitamos asegurarnos que nuestros hijos sepan que el cuerpo es un maravilloso regalo de Dios, y que todas las funciones corporales y partes del mismo, son normales y nada por lo que tengamos que avergonzarnos. Por ejemplo, cuando un niño se toca sus partes íntimas, jugando mientras se baña como de seguro lo hará, no se de deberá pegar, ni se le deberá decir que está haciendo algo sucio. En su contexto adecuado, el sexo es una parte natural y saludable de la vida y esa es la impresión que debemos darle a nuestros hijos –no algo misterioso y feo.

La discusión y enseñanza verbal acerca del sexo tiene que comenzar tan pronto como lleguen a los 3 ó 4 años. A partir de los 3 años y hasta los 5 años, aproximadamente, tanto el niño como la niña empiezan a adquirir su identidad sexual y a formar su identidad personal. Es en este momento, que ambos empiezan a desarrollar su papel de hombres y mujeres y a relacionarse de acuerdo con sus gustos, intereses y habilidades; al tiempo que nos mostrarán quiénes son y cuál es su carácter y su temperamento.

Sin embargo, para que los niños adquieran su identidad sexual (las bases para saberse hombres y mujeres) será su madre, su padre y sus familiares los que les marcarán las pautas de acuerdo con sus valores y necesidades.

Es en las edades de los 3 a los 5 años donde comienzan las primeras preguntas como: las diferencias entre niño y niña o entre papá y mamá, ¿cómo se hacen los bebés? ¿por dónde salen los bebés que están en la pancita? y ¿por dónde entran? Ante estas preguntas debemos hablar con la verdad y dar una respuesta adecuada.

Debe iniciarse con la enseñanza sobre su cuerpo. La niña tiene vagina y cuando es grande como mamá tiene pechos. El niño y el papá tienen pene. Un aspecto fundamental de la enseñanza es ayudar al hijo a utilizar las palabras correctas para los genitales. Debe realizarse al mismo tiempo que se le enseñan otras partes del cuerpo y su funcionamiento. Además, se debe hablar sobre los genitales y su funcionamiento en un contexto de intimidad. Es mejor hacerlo en las sesiones privadas durante el baño. Cuando su hijo está aprendiendo a identificar los ojos, la nariz y los dedos, pueden también aprender a identificar su pene, la vulva, los pechos y las nalgas. La literatura profesional sugiere que cuando los niños disponen de un lenguaje preciso para señalar las partes íntimas del cuerpo, es más probable que avisen cuando haya sufrido un abuso. Cuando lo hagan, serán más creíbles a causa de la precisión del vocabulario que utilizarán en la descripción.

2.Pequeñas preguntas merecen pequeñas respuestas, grandes preguntas merecen grandes respuestas. En otras palabras, adapte lo que usted enseñe a la edad y tipo de pregunta de su hijo. Por ejemplo ¿cómo se hacen los bebés?: se juntan las semillitas (una de la mamá y otra del papá o el pene del papá pone una y la vagina de la mamá pone la otra). Queremos enseñarles también a los hijos respeto por el sexo y por la relación de la que forma parte. Y el respeto es comunicado por medio del uso del vocabulario adecuado, no de expresiones o vulgaridades que aprenderían por sí mismos. De nuevo, queremos que ellos piensen en el sexo como algo normal, natural y saludable siempre; por lo cual, éste puede ser un buen momento para explicarle la parte del afecto, el compromiso, deseos, amor, placer, ilusiones, etc. dentro del contexto adecuado de una relación matrimonial.Otra pieza que forma parte de los cimientos es la comprensión de la pertenencia del cuerpo y el saber cuidarlo uno mismo. Enseñe a su hijo a lavarse y a cuidarse, incluidas las partes íntimas. Acuérdese de ir reduciendo gradualmente la intensidad de la ayuda que le presta, y déle la responsabilidad de lavar y mantener limpias todas las partes de su cuerpo.

Cuando enseñe a su hijo las partes del cuerpo, incluya información sobre las reglas sociales que les conciernen. Por ejemplo, las partes íntimas siempre han de estar cubiertas en los lugares públicos. La mayoría de los niños, conforme maduran de modo natural, desarrollan el pudor sobre sus cuerpos. A los niños con discapacidad intelectual hay que enseñarles a ser modestos. Y usted puede educarle envolviendo a su hijo en una toalla y llevándolo así al sitio para vestirlo o cambiarlo. Señale en su casa los sitios privados. Y esto significa también que respeta el deseo de su hijo para retirarse a un sitio privado cuando le parezca apropiado.

Cuando el niño empieza a usar apropiadamente la terminología y a aplicar las reglas sociales relacionadas con las partes del cuerpo, es el momento de incorporar frases que eviten la explotación o abuso. Por ejemplo, enseñe a su hijo que las partes íntimas de su cuerpo quedan fuera de los límites para los demás. Analice con él las circunstancias o excepciones de esa regla: para los médicos, para los padres o abuelos durante el baño, o en otras circunstancias que sean específicas para su hijo. Destáquele la importancia de informar cuanto suponga una violación de esos límites. Asegúrese de que comprende a quién se lo debe decir cuando su intimidad o su cuerpo no hayan sido respetados.

Otros modos de enseñarle y de reforzar estos conceptos son:

a.Leer y compartir con su hijo libros ilustrados con mensajes sobre el cuerpo, sus partes, y las reglas sociales.

b.Utilice cada día momentos naturales para la enseñanza, de forma que refuerce los conceptos básicos.


Por ejemplo, si su hijo se está vistiendo, recuérdele que cierre la puerta para respetar su intimidad. Si su hijo expone partes íntimas del cuerpo en una zona pública de la casa, adviértale o recuérdele las reglas relacionadas con las partes íntimas del cuerpo. Enfoque a la Familia
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