Criando hijos para Dios

El primer libro de Samuel, en el A.T., es un libro que comienza con dos historias paralelas. La primera es la de un matrimonio sin hijos y la segunda es la de un padre con malos hijos. Dios quiso que estas dos historias se junten para enseñarnos lecciones de vida en especial en lo referente a la influencia que como padres tenemos sobre los hijos que Dios nos conceda criar.

Ana era estéril y Elcana, su esposo, le amaba de todas maneras. Por el otro lado tenemos a Elí, un viejo líder espiritual de Israel que dejaba mucho que esperar de su liderazgo y mucho peor al considerar la conducta de sus hijos ministrando en el templo.Lo cierto es que ambos nos enseñan lo que hacer y lo que no hacer.Veamos algunas actitudes en el primer matrimonio, en especial en Ana. Dice el relato en 1°Samuel 1:26-28: "Y ella dijo: ¡OH, señor mío! Vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a Jehová. Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová".Recuerda que ella era estéril, oró por este niño, soñó con este niño, deseó a este niño... y ahora que Dios se lo dio cumple su palabra y se lo dedica a Jehová toda su vida.

Como padres tendemos a olvidar la gran verdad de que nuestros hijos no son en realidad nuestros, antes son de Dios. Dice Salmos 127:3: "He aquí, herencia de Jehová son los hijos, cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud.Olvidar esta gran verdad puede acarrearnos un sin fin de problemas. Son herencia de Dios, son como saetas, flechas que un día serán puestas en el arco de las decisiones de la vida, ese arco se entesará y serán lanzados para dar en el blando o no. Depende de mi responsabilidad como padre y de sus decisiones en la vida del joven, pero que se irán, se irán, es una ley de la vida. Pablo Martini
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