El Progreso del Peregrino - Primera Parte

La alegoría del Progreso del Peregrino en imágenes.

El peregrinaje de Cristiano - La Convicción

El Peregrino-081.
Caminando por el desierto de este mundo, llegué a una cueva y en ella me acosté a dormir y durmiendo soñé un sueño en que vi a un hombre. Estaba vestido de harapos. Tenía un libro en sus manos y una pesada carga sobre sus hombros.

El Peregrino-082.
Vi que abría el libro y mientras leía, lloraba y temblaba y gritó, diciendo: "¿Qué debo hacer?"

El Peregrino-083.
"Mi querida esposa y ustedes mis hijos: Tengo noticias de que nuestra ciudad será quemada con fuego del cielo, y todos pereceremos si no hallamos algún modo de escapar."

El Peregrino-084.
Su familia quedó atónita. Ellos pensaron que estaría delirando, y esperando que el sueño le apaciguara, lo acostaron de prisa. En vez de mejorarse, empeoró.

El Peregrino-085.
En los siguientes días su familia le regañaba, así que empezó a retirarse a su cuarto a orar por ellos.

El Peregrino-091.
Vi, que al andar en el campo leyendo, gritó: "¿Qué haré yo para ser salvo?"

El Peregrino-092.
Y vi también a un hombre llamado Evangelista que se le acercó preguntando: "¿Por qué lloras?" "Señor," contestó, "¡no estoy preparado para ser juzgado!"

"¿Entonces por qué te quedas aquí parado?" "Porque no sé adonde ir."

El Peregrino-093.
Entonces Evangelista le dio un rollo de pergamino. El hombre lo leyó y dijo: "¿Adónde he de huir?"
Evangelista señaló con su dedo. "¿Ves a lo lejos aquella puerta angosta?" "No." "¿No ves allá lejos el resplandor de una luz?" "Creo que sí."

El Peregrino-094.
"Entonces," le dijo Evangelista, "ve derecho a esa luz y cuando llegues a la puerta te dirán lo que debes hacer."
El hombre echó a correr gritando "¡Vida! ¡Vida! ¡Vida eterna!"

El Peregrino-095.
Su esposa y sus hijos empezaron a dar voces para que volviese pero él se tapó los oídos.

El Peregrino-101.
Los vecinos también salieron a verlo correr; unos le hacían burla, otros le amenazaban, o le gritaban que volviese.

El Peregrino-102.
Dos de ellos resolvieron hacer que retrocediese a la fuerza. Uno se llamaba Obstinado y el otro Flexible. Lo alcanzaron. "Vengan conmigo," les dijo. "¡Qué!", dijo Obstinado, "¿y dejar a nuestros amigos y comodidades?" Entonces dijo Flexible: "No lo insultes. Mi corazón se inclina a acompañar a mi vecino."

El Peregrino-103.
Así, Cristiano y Flexible siguieron juntos, y Obstinado volvió solo. Flexible le preguntó a Cristiano acerca del lugar adonde iban.

El Peregrino-104.
"Te leeré en mi libro acerca de él," dijo Cristiano: "Hay un reino y vida eterna. No habrá más llanto ni dolor."

El Peregrino-111.
"¿Y qué clase de compañía habrá?" "Millares que han sufrido por el amor que tienen por el Señor, todos sanos y vestidos de inmortalidad."
Y vi en mi sueño que Cristiano y Flexible cayeron de repente en un cieno que se llamaba el Pantano de la Desconfianza.

El Peregrino-112.
Cristiano a causa de la pesada carga que llevaba, comenzó a hundirse en el fango.
Flexible dijo enfadado: "¿Es esta la felicidad de que me hablaste?" Y haciendo unos esfuerzos desesperados, logró salir del pantano por la parte más inmediata a su casa y se marchó. Cristiano quedó luchando del otro lado.

El Peregrino-113.
Pero, por su carga, no pudo salir hasta que un hombre, cuyo nombre era Auxilio, se le acercó y estrechándole la mano le sacó a tierra firme.

El Peregrino-114.
"Este pantano," dijo Auxilio, "es el resultado de los muchos temores y dudas que se juntan allí. Por lo menos veinte mil carretadas de buenas instrucciones se han perdido aquí."

El Peregrino-115.
Mientras tanto Flexible había llegado de vuelta a su casa. Quedó sentado entre sus vecinos quienes le hacían burla.
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